lunes, 31 de diciembre de 2018

La muerte de Bermudo III, el último rey asturleonés.

Hay que tener paciencia hasta para ir a la guerra: La muerte de Bermudo III, el último rey asturleonés.


Las crónicas medievales relatan que el último rey de la dinastía leonesa del Reino de León fue lanceado, asaeteado y atravesado con espadas y puñales en unas cuarenta ocasiones. "Cosido a lanzadas", detallaron los narradores del siglo XI. Sin embargo, la autopsia reduce los lances comprobados, casi todos mortales, a 16. Y todo porque Bermudo III iba a lomos de una montura (Pelayuelo) más rápida que sus huestes, por lo que se encontró solo ante el enemigo (los ejércitos castellanos de Fernando I). A sus soldados no les dio tiempo a rescatarlo.

De todas formas, la falta de previsión ante la batalla debía de ser genética en su dinastía, ya que su padre, Alfonso V, falleció también en un asedio en territorio portugués porque se quitó la armadura por el calor y una saeta le atravesó el pecho.


sábado, 29 de diciembre de 2018

Oposición Geografía e Historia. Anexo Tema 8. Prácticas Sector secundario: La minería del Carbón en España, perspectivas de futuro.

Aquí os dejo un artículo aparecido en el diario "El País" sobre la minería del carbón en España y su  evolución.  Además de verlo aquí, podéis verlo en el siguiente enlace: ABRIR ARTÍCULO. 


España se despide del carbón con el cierre de todas las minas
Los 26 últimos yacimientos tienen que cerrar el 1 de enero o devolver más de 500 millones de ayudas. Nueve de las 15 centrales térmicas que queman este contaminante combustible dejarán de funcionar en 2020
Y el fin de la minería del carbón en España llegó. El 1 de enero las 26 explotaciones de Asturias, Aragón y Castilla y León que quedaban en España –de las que ya solo 12 estaban en producción– tendrán que cerrar o devolver los más de 500 millones de euros que han recibido de ayudas públicas. A ese cierre se comprometió el Gobierno con la Comisión Europea a principios de esta década, cuando Bruselas concedió la prórroga final a una actividad económica deficitaria que lleva más de 30 años de ocaso en España. En noviembre ya solo quedaban 2.046 trabajadores adscritos al régimen especial de la minería del carbón, frente a los 51.420 que había en 1985. Y el 90% del carbón que se quema en España para producir electricidad se importa ya de otros países como Colombia o Rusia.
La generación de electricidad con este combustible –el principal uso que se le da ahora al mineral– está también en el punto de mira de las políticas medioambientales por ser altamente contaminante. Además, esta actividad acumula alrededor del 15% de todos los gases de efecto invernadero de la economía española.
Las normas europeas van encaminadas a hacer desaparecer las centrales de carbón. Desde hace años funciona un mercado de emisiones que ahora obliga a las plantas a pagar más de 20 euros por cada tonelada de CO2que expulsan a la atmósfera. La previsión es que ese precio siga aumentando. Además, Bruselas pone cada vez más trabas a los Estados a la hora de dar subsidios encubiertos a las plantas.


EL FUTURO DE LAS CENTRALES TÉRMICAS
Todo esto hace que las centrales de carbón sean cada vez menos atractivas. De hecho, las eléctricas han emprendido una carrera en España por deshacerse de unas plantas viejas que necesitan de costosas obras si quieren seguir operando. De las 15 centrales que queman carbón que hay ahora en España –y que este 2018 han generado el 14% de la electricidad del país– nueve cerrarán en el próximo año y medio. Al menos, es lo que quieren sus propietarias. Iberdrola y Endesa ya han presentado al Gobierno la petición para clausurar cuatro de sus plantas. Naturgy –antigua Gas Natural– presentará en breve la misma petición para otras tres de sus centrales. Y sin plantas térmicas el futuro de la minería, que ya estaba trazado desde principios de esta década, es aún más negro.
Bruselas aceptó en 2010 –tras las presiones de España y Alemania– que las minas deficitarias siguieran recibiendo ayudas públicas. Pero la condición principal de este pacto –que afectaba principalmente a España, Alemania y Rumania– era que los yacimientos tenían que cerrar el 31 de diciembre de 2018 como máximo. Si, llegada esa fecha, las explotaciones querían seguir operando, tendrían que poder hacerlo sin soporte público y devolver todas las ayudas recibidas.
En el caso de España, al margen de las prejubilaciones y bajas de los mineros, el plan de cierre acordado con Bruselas ha supuesto que las 26 minas afectadas –propiedad de 15 empresas– hayan recibido desde 2011 ayudas directas para el cierre por valor de 504 millones de euros.
El cierre de las minas en Alemania –fijado por el mismo plan de Bruselas– se vivió hace una semana de forma solemne. “Terminó un capítulo de nuestra historia”, dijo el primer ministro del Land de Renania del Norte-Westfalia, Armin Laschet, durante los actos de clausura del último yacimiento de hulla del país. Mientras, en España, lejos de ese funeral de Estado que le dieron los alemanes a su minería, los presidentes de Asturias, Aragón y Castilla y León se reunieron el miércoles con la ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera, para pedirle que presione a las empresas para “alargar” la vida de las centrales y de algunos yacimientos.
Solo dos compañías mineras han mostrado interés ante el ministerio por seguir operando. Hijos de Baldomero García –empresa de El Bierzo (León), que cuenta con unos 25 empleados– y Samca –compañía turolense que tiene unos 150 trabajadores–. Al margen de estas dos privadas, la sociedad pública Hunosa (que tiene un millar de mineros aún en Asturias) sostiene que seguirá operando un pequeño pozo que no ha recibido ayudas públicas.
El problema lo tienen las dos empresas privadas. Por un lado, deben presentar un plan para devolución de las ayudas que han recibido para el cierre desde 2011. Hijos de Baldomero García debe reembolsar 8,35 millones de euros y Samca, 8,5 millones, según fuentes del Gobierno. Al margen de si son capaces o no de devolver esos fondos, el principal escollo ahora sería a quién le venderán el carbón en un futuro inmediato.
Hunosa prevé que lo que extraigan se queme directamente en una pequeña planta que posee. Pero en el caso de las dos minas de León y Teruel, las dos grandes centrales térmicas que tienen más cerca está previso que cierren en el próximo año y medio, según la solicitud que ha presentado su propietaria, Endesa.
En algunas comarcas, como El Bierzo, el impacto será grave”, reconocen fuentes del Gobierno. Y no tanto por el cierre de las minas, que ya cuenta con un plan de clausura con otros 250 millones de fondos públicos para los próximos años, sino por el fin de las térmicas. El Ejecutivo calcula que, entre empleos directos e indirectos con las nueve centrales se perderán 3.000 empleos en unas zonas azotadas ya por la despoblación.

martes, 11 de diciembre de 2018

Oposición Geografía e Historia. Anexo Tema 19 sobre crecimiento natural y comportamiento demográfico en España.

El primer semestre de 2018 registra el menor número de nacidos desde 1941

La cifra de fallecimientos también es la mayor desde aquel año, cuando el INE comenzó su recopilación de datos en España


El declive demográfico natural de España ha alcanzado un máximo histórico, según los datos provisionales del Instituto Nacional de Estadística (INE) publicados EL 11/12/2018. En la primera mitad de 2018 solo hubo 179.794 nacimientos en España, la cifra más baja para un primer semestre desde que empieza el registro del INE en 1941 —y un 5,8% menos que el mismo periodo del año anterior—.
Además, aumentan las muertes: en este tiempo fallecieron 226.384 personas, la cifra más alta desde 1941 (cuando la población de España era de 26 millones). El balance de nacimientos restadas las defunciones, conocido como el crecimiento vegetativo, queda en -46.590, un mínimo que supone un récord de la serie histórica.
Esta tendencia demográfica negativa comenzó en 2015 y se proyecta hacia el futuro, con una pirámide de población en la que se estrecha la base y se ensancha la punta. Los alumbramientos cayeron con respecto al año pasado en todas las comunidades autónomas, pero los descensos más fuertes se registraron en La Rioja (–13,7%), Extremadura (–10,3%) y Cantabria (–7,8%).
Una razón es que ahora están en edad reproductiva las mujeres nacidas a partir de 1978, "una generación corta" que nació en un momento de baja fecundiad. Desde 1981, la natalidad en España está por debajo de 2,1 bebés por mujer, la mínima para garantizar el reemplazo generacional. En España, la cifra es ahora 1,3, aproximadamente. Esta alteración del equilibrio demográfico resulta en un envejecimiento progresivo de la población, que cada vez ejerce mayor presión sobre los jóvenes trabajadores.
La edad en la que las parejas tienen su primer bebé se retrasa cada año y, con ella, cae también la probabilidad de tener más hijos. "Durante el año 2017 la edad media a la primera maternidad era de 30,8 años, y para las mujeres de nacionalidad española casi un año más", Para  Daniel Devolder, del Centro de Estudios Demográficos de la Universidad Autónoma de Barcelona "el aumento de la edad a la primera maternidad es el principal problema en España que está bloqueando la fecundidad". Según él, este dato explica gran parte del descenso de los nacimientos incluso cuando la media de hijos que tiene cada pareja no ha cambiado mucho en los últimos años.
La natalidad en España registró un máximo en tres décadas en 2008, con 519.779 nacimiento, desde entonces la crisis económica redujo drásticamente la fecundidad de los trabajadores temporales y parados, aunque no tanto la de trabajadores con contratos fijos.
 A pesar del crecimiento vegetativo negativo, la población de España, de unos 46,6 millones, está en aumento por la inmigración. Uno de cada cinco bebés que nació en España durante la primera mitad de 2018 fue hijo de una madre extranjera.
Para Joaquín Arango, catedrático de Sociología en la Universidad Complutense de Madrid, entre 2000 y 2010 hubo una entrada muy significativa de migrantes a España. El balance vegetativo mejoró con los nacimientos de madres extranjeras en ese periodo, pero ahora que se ha ralentizado la inmigración, no es suficiente para compensar la mortalidad.

La cifra de fallecimientos ha crecido en 12 comunidades, con los mayores incrementos en Canarias (10,2%), Andalucía (5,3%) y Cantabria (5,1%). Solo tres comunidades tuvieron un saldo vegetativo positivo en la primera mitad de 2018: Madrid (3.714 personas), Murcia (997) y Baleares (428), además de Ceuta y Melilla.


El declive demográfico se acelera en España con una cifra récord de mortalidad

El número de fallecimientos en 2017, el más elevado desde 1941, superó en más de 31.000 el de nacimientos

Nunca se habían registrado tantos fallecimientos en España como los que avanzan los datos provisionales publicados este martes por el Instituto Nacional de Estadística (INE). En 2017 fallecieron 423.643 residentes en España, la mayor cifra desde 1941, cuando arrancó la serie histórica, y un 2,3% más que en 2016. Las muertes superaron además a los nacimientos, que fueron 391.930, un 4,5% menos que el año anterior. En consecuencia, se produjo un saldo vegetativo negativo que no es el primero —ya ocurrió en 2015— pero que también marca un récord, con una diferencia entre nacimientos y fallecimientos de -31.245.récord, con una diferencia entre nacimientos y fallecimientos de -31.245.

La tasa de fallecimientos por cada 1.000 habitantes fue de 9,1, un dato que también se alcanzó en 2003 y 2015. Lo llamativo es que alcanzan un máximo histórico en términos absolutos y no se ven compensados por los nacimientos. Pau Miret, sociólogo de la Universidad Autónoma de Barcelona cree que desde 2016 se ha producido un cambio de rumbo en la demografía española, aunque los datos del Movimiento Natural de la Población son aún provisionales. El también investigador del Centro de Estudios Demográficos cree que esta tendencia hacia un crecimiento vegetativo negativo continuará “hasta que muera la última generación del baby boom, los que nacieron en los años sesenta y hasta aproximadamente 1976. Sencillamente porque hay más gente de edades avanzadas”

Ha caído por tanto el número de mujeres en edad de ser madre, pero también hay menos con una situación favorable para tener hijos. La precariedad laboral y la inseguridad económica originada por la crisis han reducido la tasa de natalidad, como señala Miret. “Ahora las parejas o las mujeres atrasan la hora de tener hijos a la espera de tiempo mejores, lo que también ha reducido la edad media a la maternidad”. Según los datos, las mujeres que dieron a luz en 2017 tenían una media de  32,1 años, cuatro por encima de los 28,5 de 1976 y una décima más que hace un año. Las españolas tenían una media de 32,6 años, mientras las extranjeras residentes en España tenían 29,7. La edad media de la primera maternidad se situó en los 30,9 años, la mayor de la serie.

“Tormenta perfecta”

El cambio cultural ha disminuido los nacimientos y ha retrasado la edad media de la maternidad. Pero el factor que más negativamente pesa es el desempleo y la temporalidad”, coindice también Arango. “Si no cambia esto, la natalidad no crecerá. En España este es el peor cóctel para la fecundidad y unido al acceso a una vivienda hace pensar que España está en medio de la tormenta perfecta”, añade.


CINCO AÑOS DE VIDA MENOS, SEGÚN DONDE SE NAZCA

La esperanza de vida al nacimiento de media en España continúa en los 83,1 años, la misma que en 2016. Los datos del INE son diferentes para hombres (80,4 años) y mujeres (85,7). Según las estadísticas provisionales, una persona que alcanzó los 65 años en 2017 llegará a vivir, de media y previsiblemente, 19,1 años más si es hombre y 23 si es mujer.

El lugar de nacimiento influye en la esperanza de vida y la media puede llegar a variar hasta cinco años según la comunidad autónoma. Mientras que en la Comunidad de Madrid la esperanza de vida al nacimiento alcanzó los 84,5 años en 2017 —el valor más alto en España—, en la ciudad autónoma de Ceuta la media se situó en 70,4. A Madrid le sigue la Comunidad Foral de Navarra y Castilla y León, ambas con 83,8 años, y La Rioja con 83,6. En los últimos puestos de la tabla y por encima de Ceuta, están Melilla con 80,4, Andalucía con 81,8 y Extremadura con 82,3.
El catedrático de Sociología en la Universidad Complutense de Madrid Joaquín Arango explica esta “paradoja” como una consecuencia del aumento del envejecimiento en España. “Pese a que la esperanza de vida es mayor a causa de los avances científicos, la mortalidad elevada se explica por el aumento del número de mayores. Lógicamente, cuantas más personas haya, mayor será el número de defunciones”, explica.

Curso 2023/2024. Sesión 06

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